Transformando al paradigma

22.06.2020


Bienvenida Doña Quimio,
con toda su energía,
bienvenida a mi cuerpo,
aquí será bien recibida.


Con todo el amor,
y toda la alegría,
haga su trabajo,
que para eso llegó a mi vida.
 
 

Medicina, medicina,
sin buena publicidad,
manos a la obra,
que nos vamos a sanar.

 

Llegará de vestido negro,
aunque transparente usted será,
como el agua cristalina,
que todo va a limpiar.

Recuerdo aquel momento como que fuera hoy. 

Recuerdo la ansiedad de que llegara, de vivirlo, de transitarlo, de transformarme en el.

Recuerdo sentir que estaba pronto, que tenía la fuerza, que tenía la experiencia aunque nunca había vivido nada similar.

Recuerdo como todo lo que había pasado en mi vida hasta ese día, simplemente eran la forma, el modo y el medio  de ver algo de otro modo.

Recuerdo estar lleno de alegría, de felicidad y de compañía.

Recuerdo también pedir para pasarlo sólo ese día, necesitaba de mi.

Recuerdo cada una de las palabras que salían de mi interior, para poder expresar de manera escrita como quería recibir a la quimioterapia.

Recuerdo como algunos se reían, otros me decían que era el modo si a ellos les tocara, por mi parte era sencillamente la manera, realmente no sentía que hubiera otra.

Recuerdo recibirla desde al amor, tan lejano al miedo, un amor a mi, a cuidarme, simplemente a sentir como cada mililitro de mi sangre, se llenaba de mi amor.

Era extraño, no tenía miedos, no tenía miedo a vomitar pues ya lo había hecho, no tenía miedo a temblar, pues también había temblado, no tenía miedo a no encontrarme y no sentirme, pues también supe sentirlo.

Recuerdo sentir como era el fin de una etapa, de un salto al crecimiento que yo tanto buscaba.

Recuerdo empezar a sentir las respuestas más cerca, y los miedos más lejos.

Recuerdo sentirme en paz conmigo.

Recuerdo sentirme, me siento.